"Educar en libertad me parece la cosa más difícil del mundo. La más necesaria. Y es difícil porque hay padres que, por afanes de libertad, no educan. Y padres que por afanes educativos no respetan la libertad. Hacer ambas cosas a la vez es acaso como construir un círculo cuadrado. Algo que sería imposible si no existiera el milagro del amor."


J.L. Martín Descalzo "Las razones de su vida"



23/2/12

Gastar la vida

Jesucristo ha dicho:
“Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mi, la recobrará en el vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.

Luis Espinal  (Jesuita boliviano de origen español que destacó por su compromiso con los desfavorecidos y brutalmente asesinado por elementos paramilitares en 1980).

13/2/12

Sólo el amor vence (historia de Lucía Vetruste)

Hace un tiempo recomendaba en este blog, la película la "Última Cima" .Ahora he tenido la oportunidad de leer el libro de Pablo Domínguez, titulado "Hasta la cumbre" y que recoge los ejercicios espirituales que dio a las hermanas de un Monasterio Cisterciense, justo antes de morir.
En el libro aparece esta carta de  Lucía Vetruste, una novicia violada por las milicias serbias. Se la escribe a la Madre General de su Orden contando qué va a hacer:





"Mi drama no es sólo la humillación que he sufrido como  mujer, ni la ofensa irreparable hecha a mi opción existencial y vocacional; sino la dificultad de insertar en mi fe un acontecimiento que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad permisiva de Aquel a quien yo continúo considerando mi Esposo divino.
Había leído pocos días antes los Diálogos de carmelitas de Bernanos, y me había surgido espontáneamente pedir al Señor morir mártir. Él me ha tomado la palabra, pero, ¡de qué manera!
Me encuentro ahora en una angustiosa oscuridad interior. Ellos han destruido mi proyecto de vida -que yo consideraba definitivo- y me han trazado de improviso otro nuevo que aún no acierto a descubrir.
Le escribo, Madre, no para recibir su consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas mías -ofendidas- y a aceptar la maternidad no deseada...
Mi humillación se suma a las de las demás, y sólo puedo ya ofrecerla por la expiación de los pecados cometidos por los anónimos violadores y por la paz entre las dos etnias opuestas, aceptando la deshonra sufrida y entregándola a la piedad de Dios.
No se asombre de que le pida compartir conmigo una gracia que pudiera parecer absurda. He llorado en estos meses todas mis lágrimas por mis dos hermanos, asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades.
Pensé que ya no podría sufrir muchas cosas más: nunca creí que el dolor pudiera alcanzar tales dimensiones.
A la puerta de nuestros conventos, llamaban cada día centenares de criaturas famélicas, con la desesperación en sus ojos. La semana pasada, una joven de dieciocho años me había dicho: "Usted no sabe qué es la deshonra". Lo pensé despacio y vi que se trataba del dolor de mi gente, y casi sentí vergüenza al estar excluida de su entorno.
Ahora soy una de ellas -una de tantas  mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo destrozado y el alma saqueada-.El Señor me ha admitido al misterio de la vergüenza; es más: a esta hermana suya, le ha concedido el privilegio de comprender hasta el fondo la fuerza diabólica del mal.
Sé que, de hoy en adelante, las palabras de valor y consuelo que trataré de sacar de mi pobre corazón serán de verdad creídas por la gente, porque mi historia es la suya, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir, si no de ejemplo, al menos de confrontación con sus reacciones morales.
Todo ha pasado, Madre, pero ahora comienza todo.
En su llamada telefónica, después de decirme palabras de consuelo que le agradeceré toda la vida, me hizo usted una pregunta: "¿Qué harás de la vida que te ha sido impuesta en tu vientre?".
Sentí que mi voz temblaba al hacerme esta pregunta, que no podía ser respondida de inmediato- no porque no haya reflexionado sobre la elección que tenía que hacer, sino porque usted no quería turbar con eventuales proyectos mis decisiones.
Lo he decidido ya: si soy madre, el niño será mío y de ningún otro. Lo podría confiar a otras personas, pero él tiene derecho a mi amor de madre, aunque no haya sido deseado, querido. No se puede arrancar una planta de sus raíces. El grano que ha caído en una tierra tiene necesidad de crecer allí.
Realizaré mi vida religiosa, pero de otro modo. No pido nada a mi Congregación, que me lo ha dado ya todo. Estoy agradecida a la fraternidad de mis hermanas y a sus atenciones; sobre todo, por no haberme molestado con peticiones indiscretas.
Me iré con mi hijo. No sé adónde, pero Dios, que ha roto de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino que tendré que seguir para cumplir su voluntad.
Seré pobre; retomaré el viejo delantal y me pondré los zuecos que usan las mujeres en los días de trabajo; e iré con mi madre a recoger resina de los pinos de nuestros grandes bosques....Haré todo lo posible por romper la cadena de odio que destruye nuestros países. Al hijo que espero, le enseñaré solamente a amar. Mi hijo, nacido de la violencia, será testigo, a mi lado, de que la única grandeza que honra a la persona es la del perdón"

"Hasta la cumbre" (Testamento espiritual) de Pablo Domínguez Prieto pag.161

12/2/12

¿Se equivocó de puerta?

"El mes de enero finalizaba con una de esas noticias que está a medio camino entre lo anecdótico, lo dramático y lo emotivo: Me refiero al hallazgo, por parte de un indigente, de un bebé abandonado dentro de una bolsa, en la Iglesia de los Padres Carmelitas de San Sebastián. Inmediatamente era detenida la madre de la criatura, una mujer inmigrante, quien declaró que se había visto obligada a abandonar a su hijo por falta de recursos.
Personalmente, me llamó la atención que aquella noticia corriese como la pólvora por la ciudad y el resto de la provincia; y por un momento tuve la sensación de que se hablaba de ella con la misma admiración y extrañeza como cuando salta la noticia en el barrio de un premiado por la lotería.
Recuerdo haber escuchado en aquellos días a muchas personas exclamaciones de este tenor: “¡Ya me lo podían dar a mí!”. Pues bien, no es mi intención aguar la fiesta, pero pienso que el hecho de que aquel suceso haya "pasado de largo", sin una reflexión crítica sobre los valores contradictorios de nuestra cultura, es un síntoma más de la dictadura del relativismo que padecemos, que nos prohíbe salirnos de la "partitura" de lo políticamente correcto.
A escasos metros de la puerta de esa Iglesia y en la misma acera, existe otra puerta muy distinta. Es la puerta de una clínica abortista, en cuyo escaparate se publicita el aborto, como si de una ortodoncia se tratase. Paradójicamente, si aquella joven madre hubiese elegido esta "otra puerta", no habría sido noticia, ni habría sido detenida, ni tendría que afrontar ahora la previsible pena de dieciocho meses a tres años de cárcel, por abandono de un menor… ¿El mundo al revés?…
¡Lo cierto es que la vida ha triunfado sobre la muerte en este caso! Ese niño vive, y será acogido por unos padres que le amarán como a uno más de sus hijos.
¿Cómo es posible que tantos entre nosotros suspiren por conseguir una adopción en el extranjero, y al mismo tiempo sacrifiquemos la vida de miles y miles de inocentes? ¿No será que el materialismo y la secularización han reducido la vida a un mero objeto de deseo?
El episodio del niño abandonado a la puerta de una iglesia, nos ha traído a la memoria aquel pasaje bíblico que narra la disputa entre dos mujeres, y el grito que una de ellas dirigió al rey Salomón: “Por favor, mi señor, ¡que le entreguen el niño a esa mujer, pero que no lo maten!” (cf. 1 Reyes 3, 16-28).
Mientras que la primera mujer estaba cegada por la lógica posesiva y destructiva, la verdadera madre priorizó la vida y el bien de su hijo por encima de todo.
El feminismo que reivindica el aborto como instrumento de emancipación de la mujer, vive de espaldas a la realidad. Lo cierto es que el aborto eleva exponencialmente las probabilidades de quebrantar la salud psíquica de las mujeres (cf. British Journal of Psychiatry, diciembre de 2008). Y por si hubiere alguna duda, el aborto se ha convertido en una criba selectiva del sexo; de forma que hay países como China, en los que nacen 119 niños por cada 100 niñas.
¡El aborto se ha traducido en un suicido demográfico, psicológico y moral de la mujer!
Por ello, y sin perder el tiempo en lamentaciones, en San Sebastián continúa trabajando un grupo “rescate” de niños con riesgo de ser abortados, bajo la coordinación de la Fundación “Red Madre” (Tfno. 902 188 988). Su método consiste en ofrecer alternativas: acompañamiento a las embarazas en riesgo, pisos de acogida, asistencia médica y jurídica, etc. He aquí los verdaderos y auténticos „progresistas‟: los que luchan por la vida de los inocentes injustamente condenados, y por sus madres.Pero el aborto no es un mal aislado, sino un signo de una sociedad enferma.
Y para muestra un botón‟: Las clínicas abortistas no tienen problema alguno para publicitarse, mientras que son censurados unos anuncios publicitarios que "osan" recordar a los padres el derecho que tienen a decidir sobre la educación religiosa de sus hijos. Uno no puede por menos de dar la razón a Chesterton:

“Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”

Artículo de Monseñor Jose Ignacio Munilla