"Educar en libertad me parece la cosa más difícil del mundo. La más necesaria. Y es difícil porque hay padres que, por afanes de libertad, no educan. Y padres que por afanes educativos no respetan la libertad. Hacer ambas cosas a la vez es acaso como construir un círculo cuadrado. Algo que sería imposible si no existiera el milagro del amor."


J.L. Martín Descalzo "Las razones de su vida"



2/7/10

¿TIENE TU HIJO DÉFICIT DE NATURALEZA?

En un charco...
Charlotte Mason recomendaba que los niños pasasen alrededor de seis horas diarías en contacto con la naturaleza, en invierno es realmente dificil, pero ahora con las vacaciones y el buen tiempo podemos cargarnos de horas extras. Es una buena alternativa a la televisión y todos sabemos que los niños cuando tienen agua, arena, árboles, rocas etc...se olvidan de todo lo demás y pueden permanecer horas absortos. Hasta incluso adultos que aún conservan a su niño interior bastante intacto, se ven en la playa haciendo sus castillitos y fortalezas con auténtica pasión. Comparto este artículo que leí hace años y me encantó. Este si que es un déficit que poseen muchos de nuestros niños y que pasa inadvertido!!!

Escrito por Constanza Villanueva.


Fue Richard Louv, periodista y prolífico autor, el que inventó el término y lo hizo popular a través de su libro "El último chico en el bosque". La denominación "déficit de naturaleza" busca retratar una carencia de peso en la infancia del siglo XXI que casi no necesita explicación. Todas las personas mayores en la actualidad saben destacar las diferencias entre sus aventuras infantiles y los juegos que hoy atraen a los niños. Todos los adultos sabemos lo que es embarrarse y trepar un árbol (y la gran mayoría lo evoca con una nostalgia añorante), algo que los niños de hoy en día miran con reticencia. Y somos varios los que nos preguntamos con frecuencia sino es insalubre que la generación más joven no estimule su imaginación en espacios abiertos. Louv decidió indagar en esto cuando investigaba para su libro "El futuro de la infancia" y descubrió que la falta de contacto con la naturaleza tiene efectos físicos y psicológicos en las personas.
Los niños pasan demasiado tiempo encerrados. Van de la casa a la escuela, a centros de actividades y a casa otra vez. Entienden más que sus mayores de tecnología y muestran mayor facilidad para adaptarse al cambio. En muchas cosas parecen ser más "avispados" de lo que éramos nosotros a su edad o hasta, quizás, más inteligentes. Sin embargo, esta "madurez" prematura les está jugando en contra. Cada vez son más comunes el síndrome de déficit de atención y la obesidad infantil y hay otros efectos como el estrés o la depresión que pueden estar ligados con la falta de naturaleza en sus vidas. Cuando un niño se golpea o corta en la actualidad, los padres se alborotan; en seguida van al médico y lo llenan de remedios, vendas y cuidados. No es que esté mal cuidar a nuestros hijos, pero estamos ejerciendo una sobreprotección que ignora nuestras propias experiencias. En las "infancias viejas" (allá por los 70's u 80's) sufríamos raspaduras regularmente, muchos nos hemos fracturado cayendo de árboles o rodando por pendientes, cortado con botellas rotas o clavos oxidados. Muchos veíamos menos la aguja de una vacuna antitetánica que la que nuestras madres usaban para tejer y sin embargo aquí estamos: sanos y salvos, llenos de experiencias y saludables (y agradables) memorias.
Louv destaca que no son las ciudades y la tecnología los únicos responsables del déficit de naturaleza; los padres forman parte de las causas. La inseguridad social creciente los obliga a remarcar más que nunca el "no hables con extraños" y limitan el esparcimiento de sus hijos a un área marcada y conocida, a moverse en automóvil y no salir mucho de casa.
En el libro "El último chico en el bosque" Louv sugiere que los niños que son expuestos a la naturaleza muestran mejoras intelectuales, espirituales y físicas en comparación a los que se mantienen encerrados. Las actividades en la naturaleza probaron disminuir el estrés, aguzar la concentración y promover resoluciones creativas a problemas. Louv y varios investigadores más consideran que ésta es una buena terapia para el síndrome de déficit de atención y otros males que afectan a los niños. Louv va un poco más allá, sugiriendo que mientras aumentar la exposición de los niños a la naturaleza puede ayudarlos a centrarse, la existencia de desórdenes es evidencia de que dos generaciones de alienación pueden haber resultado en un daño considerable ya hecho a nuestros niños. Y es que el periodista no olvida destacar que, más allá de los pequeños, a los mayores también nos hace bien un poco de verde en nuestras vidas.
El libro de Louv cita evidencia de que los niños necesitan de la naturaleza para desarrollar sus sentidos de aprendizaje y creatividad.Estudios en Estados Unidos, Suecia, Australia y Canadá han demostrado que los chicos que juegan en escenarios naturales (con ríos, campos y árboles) son más propensos a crear sus propios juegos y mostrar mayor cooperación que aquellos que juegan en escenarios armados. Y es que en los ambientes controlados no hay verdadera experimentación ni riesgo. Aunque, precisamente, el riesgo es lo que los padres desean evitar, es lo que más nos enseña y estimula la creatividad a la hora de encontrar soluciones.El déficit de naturaleza no es una enfermedad que requiera de pastillas o tratamientos inclementes. Por el contrario, puede solucionarse recuperando esa costumbre perdida que tan bien nos hizo cuando nosotros fuimos pequeños.
Louv ha iniciado una campaña denominada "Ningún chico es dejado dentro" para ayudar a disminuir las horas que los niños pasan conectados a un medio electrónico. Y la Federación Nacional de Vida Salvaje ha iniciado un programa de U$S1.5 millones llamado "Niños en el bosque" para combatir el déficit de naturaleza. Estos programas están implementándose en diferentes estados, sumando experiencias en ambientes naturales a las materias de ciencias en las escuelas y excursiones de 3 días en las Rocosas.Los chicos de ahora aprenden de naturaleza en sus libros y entienden más sobre la selva amazónica de lo que nosotros comprendíamos años atrás. Pero la falta de contacto con la naturaleza intelectualiza el aprendizaje y los vuelve desapegados. Y son ellos los que deberán luchar por preservarla de aquí a unos años. Es hora de volver a encarrilar nuestra unión con la naturaleza. Tanto la de nuestros niños como la propia. Acá el artículo: http://www.neoteo.com/deficit-de-naturaleza.neohttp://www.neoteo.com/deficit-de-naturaleza.neo

5 comentarios:

  1. Hace poco recibí a mi ahijado. El vive en una metropolis grande, en una casa pequeña casi sin jardin. Va 8 horas diarias al cole. Me llamó la atención lo abulica de su actitud, la falta de asombro y la dificultad para observar los animales y la naturaleza.

    ResponderEliminar
  2. Paloma tengo en proyecto hacer un post sobre el problema de los niños que no conocen la naturaleza, viven entre los ladrillos de las grandes ciudades y nunca han visto una gallina viva sus polluelos detrás piando, la flor de un almendro y su fruto colgando del árbol. Da pena verlos tan ciudadanos de asfalto.
    Con ternura
    Sor.cecilia

    ResponderEliminar
  3. Hermana pensaba escribir más entradas sobre este tema. No obstante si quieres echar un vistazo a nuestro blog sobre educación en familia encontrarás mucho al respecto y tal vez te pueda servir para lo que piensas escribir.
    Un beso y espero que todo vaya bien.

    http://paideiaenfamilia.blogspot.com/

    Tienes mucha razón, yo veo constantemente niños como tu ahijado y eso que vivo en el campo, pero muchos críos no están conectados con la naturaleza, sino con la play y el PC. Es así y les propones una marcha por el campo y como que no....¡¡¡Son viejitos!!!! Qué lastima ¿verdad?

    ResponderEliminar
  4. A mí también me encantó ese libro de Louv, me acuerdo de esa parte que habla sobre como saben mas pero yo digo que ENTIENDEN MENOS. Lo que saben de la naturaleza es de segunda mano, se pierden el contacto directo, que no requiere de nada más que salir al campo y 'perder el tiempo'.
    Como Maulina dice y como dices tú, a su vez también observo cómo está de unido el desarrollo físico con el mental, veo los niños de 'daycare' de muchas horas que no saben qué hacer con sus manitas ni cuerpitos cuando están afuera. Me quedé de piedra cuando en casa de mi amiga mis hijas remojándose y gozando con el agua, y el hijo de mi amiga de la edad de mi pequeña, 3 y medio, sin tocar una gotita ni mancharse. No les gusta explorar el medio con sus sentidos, solo con la vista, que quizá sea el único que les dejan desarrollar (o que les atrofian quizá), en los centros, colegios, y academias.

    ResponderEliminar
  5. Este artículo es muy bueno.

    Las frases que presiden tu blog también son geniales.

    No soy católica, pero sí tengo grandes puntos en común con muchos cristianos de "buena fe"... Creo posible una ética universal, una espiritualidad, que nos una a todos independientemente de nuestra religión o ideología, en el amor al prójimo y a la tierra.

    Un abrazo, y gracias por pasarte por mi blog!!!

    ResponderEliminar